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Las revoluciones contra las vanguardias

Las potentes movilizaciones que atraviesan el mundo están desbordando tanto democracias como dictaduras, regímenes nacidos de elecciones y de golpes de Estado, gobiernos del primer y del tercer mundo. No sólo eso. Desbordan los muros de contención de los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sus más diversas variantes. Desbordan también los saberes acumulados por las prácticas emancipatorias en más de un siglo, por lo menos desde la Comuna de París.

Naturalmente, esto produce desconcierto y desconfianza entre las viejas guardias revolucionarias, que reclaman organización más sólida, un programa con objetivos alcanzables y caminos para conseguirlos. En suma, una estrategia y una táctica que pavimenten la unidad de movimientos que estarían condenados al fracaso si persisten en su dispersión e improvisación actuales. Lo dicen a menudo personas que participan en los movimientos y quienes se felicitan de su existencia, pero que no aceptan que puedan marchar por sí mismos sin mediar intervenciones que establezcan cierta orientación y dirección.

Los movimientos en curso cuestionan de raíz la idea de vanguardia, de que es necesaria una organización de especialistas en pensar, planificar y dirigir al movimiento. Esta idea nació, como nos enseña Georges Haupt en La Comuna como símbolo y como ejemplo (Siglo XXI, 1986), con el fracaso de la Comuna. La lectura que hizo una parte sustancial del campo revolucionario fue que la experiencia parisina fracasó por la inexistencia de una dirección: Fue la falta de centralización y de autoridad lo que costó la vida a la Comuna de París, dijo Engels a Bakunin. Lo que en aquel momento era acertado.

Haupt sostiene que del fracaso de la Comuna surgen nuevos temas en el movimiento socialista: el partido y la toma del poder estatal. En la socialdemocracia alemana, el principal partido obrero de la época, se abre paso la idea de que la Comuna de 1871 era un modelo a rechazar, como escribió Bebel pocos años después. La siguiente oleada de revoluciones obreras, que tuvo su punto alto en la revolución rusa de 1917, estuvo marcada a fuego por una teoría de la revolución que había hecho de la organización jerárquica y de especialistas su eje y centro.

En el último medio siglo han sucedido dos nuevas oleadas de los de abajo: las revoluciones de 1968 y las actuales, que probablemente tengan su punto de arranque en los movimientos latinoamericanos contra el neoliberalismo de la década de 1990. En este medio siglo han sucedido, insertos en ambas oleadas, algunos hechos que modifican de raíz aquellos principios: el fracaso del socialismo soviético, la descolonización del tercer mundo y, sobre todo, las revueltas de las mujeres, de los jóvenes y de los obreros. Los tres procesos son tan recientes que muchas veces no reparamos en la profundidad de los cambios que encarnan.

Las mujeres hicieron entrar en crisis el patriarcado, lo que no quiere decir que haya desaparecido, agrietando uno de los núcleos de la dominación. Los jóvenes han desbordado la cultura autoritaria. Los obreros, y las obreras, desarticularon el fordismo. Es evidente que los tres movimientos pertenecen a un mismo proceso que podemos resumir en crisis de la autoridad: del macho, del jerarca y del capataz. En su lugar se instaló un gran desorden que fuerza a los dominadores a encontrar nuevas formas para disciplinar a los de abajo, para imponer un orden cada vez más efímero y menos legítimo, ya que a menudo es simple violencia: machista, estatal, desde arriba.

En paralelo, los de abajo se han apropiado de saberes que antes les eran negados, desde el dominio de la escritura hasta las modernas tecnologías de la comunicación. Lo más importante, empero, es que aprendieron dos hechos enlazados: cómo actúa la dominación y cómo hacer para desarticularla o, cuando menos, neutralizarla. Un siglo atrás eran una exigua minoría los obreros que dominaban tales artes. Las rebeliones, como la que comandó la Comuna, eran fruto de brechas que otros abrían en los muros de dominación. Ahora los de abajo aprendimos a abrir grietas por nosotros mismos, sin depender de la sacrosanta coyuntura revolucionaria, cuyo conocimiento era obra de especialistas que dominaban ciertos saberes abstractos.

En algunas regiones del mundo pobre se produjo la recuperación de saberes ancestrales de los de abajo que habían sido aplastados por el progreso y la modernidad. En este proceso los pueblos indios juegan un papel decisivo, al darle nueva vida a un conjunto de saberes vinculados a la curación, el aprendizaje, la relación con el entorno y también la defensa de las comunidades, o sea la guerra. Ahí están los zapatistas, pero también las comunidades de Bagua, en la selva peruana, y un sinfín de experiencias que muestran que aquellos saberes son válidos para estas resistencias.

Este conjunto de aprendizajes y nuevas capacidades adquiridas en la resistencia ha tornado inservible y poco operativa la existencia de vanguardias, esos grupos que tienen vocación de mandar porque creen saber lo que es mejor para los demás. Ahora, pueblos enteros saben cómo conducirse a sí mismos, con base en el mandar obedeciendo, pero también inspirados por otros principios que hemos podido escuchar y practicar estos años: caminar al paso del más lento, entre todos lo sabemos todo y preguntando caminamos.

Lo anterior no quiere decir que ya no sea necesario organizarnos en colectivos militantes. Sin este tipo de organizaciones y grupos, integrados por activistas o como quiera llamarse a las personas que dedicamos nuestras mejores energías a cambiar el mundo, ese cambio no llegaría jamás, porque no cae nunca del cielo, ni es regalo de caudillos y estadistas esclarecidos. Las revoluciones que estamos viviendo son fruto de esas múltiples energías. Las detonamos entre muchos y muchas. Pero una vez puestas en marcha, la pretensión de dirigirlas a puro mando suele producir resultados opuestos a los deseados.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/06/17/opinion/023a2pol

Glifosato, dos décadas de mentiras de empresas y gobiernos

AAPA

Una lar­ga y con­tro­ver­ti­da se­cuen­cia de de­ci­sio­nes y complicidades derivaron en el modelo agropecuario del monocultivo. El tiempo además mostró la existencia de una metodología que al menos concurre en la participación de políticos, jueces, médicos y periodistas que son actores necesarios del reparto.
Todos conocen que los plaguicidas son usados a granel y sobre las poblaciones. También que produce efectos letales en la salud.

Un informe publicado por el Departamento de Agricultura de EE.UU y del Servicio Nacional de Estadísticas Agrícolas, dan cuenta que el uso del herbicida glifosato aumentó en los últimos años, mientras que el uso de otros productos químicos, incluso más tóxicos, como la atrazina no ha disminuido. Contrariando a las afirmaciones comunes de los fabricantes, el uso de glifosato se ha disparado en relación a la cantidad utilizada hace apenas cinco años.

El maíz de Nebraska ha experimentado un incremento del glifosato en más de cinco veces en sólo siete años. Por su parte el uso generalizado de la atrazina es una preocupación debido a los vínculos de la sustancia química con graves efectos sobre la salud humana, incluyendo defectos de nacimiento. La resistencia de las plagas ha llevado a los agricultores a depender cada vez más de mezclas tóxicas, incluyendo alternativas como la atrazina. También ha habido un empuje mayor por las empresas químicas de diseñar variedades de semillas que sean resistentes a los tratamientos herbicidas múltiples, tales como el glifosato y 2,4-D, o glifosato y acetoclor.

En 2010, Monsanto vendió más de dos millones de dólares en Brasil con la producción y comercialización de la línea Round-up y las semillas genéticamente modificadas. Brasil es el mayor consumidor de pesticidas en el mundo y todavía permite el uso de productos prohibidos en varios países. El ingeniero agrónomo Marco Antonio de Moraes dijo “los investigadores de la Fiocruz estiman la presencia de alrededor de 540. 000 casos de intoxicación por plaguicidas en Brasil cada año, con cerca de cuatro mil muertes”.

El diario El Comercio de Ecuador publicó que en 10 comunidades cercanas a la frontera norte, entre Ecuador y Colombia, que el 10% de los afectados por aspersiones con glifosato tienen daños genéticos irreversibles. César Paz y Miño, director del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de las Américas y responsable de la investigación, explicó que entre los afectados con daños permanentes, un 5% generará problemas de cáncer, 3% engendrará hijos con malformaciones y otro 2% tendrá problemas de fertilidad.
Las secuelas que dejaron las fumigaciones con glifosato, también fueron reportadas durante el estudio biopsicosocial, que realizó la Misión Solidaria Manuela Espejo con 2.355 personas con discapacidad, encontradas en Sucumbíos. En una evaluación que realizaron médicos y dermatólogos a 521 personas de la zona, se encontraron 133 tipos diferentes de enfermedades, donde se destacan las ulceraciones y manchas de la piel. En cuanto a los daños ambientales, se comprobó que a 15 kilómetros de la frontera había AMPA, un metabolito del glifosato.

El informe , “Roundup y defectos de nacimiento: ¿El público se mantiene en la oscuridad?” publicado el 7 de junio pasado en EEUU y cuyos autores son los científicos Michael Antoniou, -Mohamed Ezz El-Din Habib Mostafa-C. Vyvyan Howard -Richard C. Jennings -Carlo Leifert -Rubens Onofre Nodari y John Fagan entre otros, es un análisis exhaustivo y una crítica a la decisión de la Unión Europea de aplazar el tratamiento del herbicida glifosato. El informe deja a las claras la mendacidad publicada el 2 de abril de este año en el diario santafesino El Litoral. Allí presentaban un informe de una animosidad confusa y engañosa para el lector, haciéndose eco de un parte de prensa infundado de la Sociedad Rural de Rosario.

También deja al descubierto que a pesar de las advertencias, y aunque la Comisión Europea sabía que el glifosato causa malformaciones por lo menos desde 2002, la información no se hizo pública. En cambio los reguladores engañaron al público acerca de la seguridad del glifosato, según el informe, del año pasado, de la Oficina Federal Alemana para la Protección de los Consumidores y Seguridad Alimentaria. El organismo dijo sobre la revisión de glifosato, a la Comisión Europea que no había pruebas glifosato causa defectos de nacimiento, minimizando la investigación de Andrés Carrasco. El mismo país donde las muertes recaen sobre los brotes de soja.
Este nuevo informe llega meses después que los investigadores encontraron que los cultivos genéticamente modificados utilizados en conjunto con el Roundup contienen un patógeno que puede causar abortos involuntarios de los animales.

Aunque el glifosato originalmente deba revisarse en 2012, la Comisión decidió el año pasado no llevar adelante la revisión, sino que retrasar hasta el 2015.
“Nuestro examen de la evidencia nos lleva a la conclusión de que la aprobación actual de glifosato y Roundup es profundamente errónea y poco fiable”, escribieron los autores del informe en su conclusión “Esta es una razón más por la que la Comisión debe revisar con urgencia los plaguicidas glifosato y otros de acuerdo a los estándares más rigurosos y actualizados.”
Cada año, la UE importa alrededor de 35 millones de toneladas de soja y derivados, la mayoría de los cuales se utiliza para la alimentación animal y los biocombustibles. Una laguna en la legislación de la UE sobre etiquetado permite que la carne, productos lácteos, huevos y derivados de animales alimentados con OGM sean vendidos sin una etiqueta. Así la soja transgénica y los residuos de glifosato entran en la cadena alimentaria a través de la alimentación animal y permanece oculto a los consumidores europeos.

La nueva regulación de los pesticidas 1107/2009 pone de manifiesto que el Parlamento Europeo y el Consejo ya no confían en la aprobación de los plaguicidas con datos de la industria y su “literatura gris”, pero la Comisión Europea parece estar haciendo todo lo posible para burlar la intención de la nueva regulación. Todo el proceso de toma de decisiones sobre el retraso se llevó a cabo a puerta cerrada con un grupo limitado de representantes nacionales principalmente de los ministerios de agricultura de los Estados miembros.

Una fuente de la Comisión que habló bajo condición de anonimato, confirmó que la verdadera causa de la demora en la revisión del glifosato y los 38 otros plaguicidas es un proceso llamado Nueva Presentación . Este fue instituido en 2008 después de que la Comisión rechazó expedientes incompletos de la industria sobre aprobación de algunos plaguicidas. La industria no estuvo de acuerdo y amenazó con demandarla, entonces la Comisión llegó a un compromiso con la industria, ofreciéndole una segunda oportunidad para entregar los expedientes más completos al mismo tiempo a los plaguicidas que permanezcan en el mercado por un período adicional de 3-4 años. Tomando todos estos estudios de la industria en conjunto, existe suficiente evidencia para requerir a los reguladores a aplicar el principio de precaución y retirar del mercado de glifosato. En conjunto, los estudios de la industria y los documentos normativos en los que la aprobación actual del herbicida revelan varias cuestiones.

La industria (incluyendo Monsanto) ha conocido desde la década de 1980 que el glifosato causa malformaciones en animales de experimentación a dosis elevadas. También sabía desde 1993 que estos efectos pueden ocurrir a dosis bajas y medias.
A su vez el gobierno alemán sabía que el glifosato causa malformaciones por lo menos desde 1998, año en que presentó su informe sobre el glifosato a la Comisión de la UE.
La Comisión de la UE de Expertos de Revisión Científica ha conocido desde 1999 que el glifosato causa malformaciones. La Comisión Europea sabe desde 2002 que provoca malformaciones y Alemania asegura que las especies más sensibles a la exposición crónica es la rata. Esta es la razón para excluir a los estudios en conejos que demostraron teratogenicidad y efectos adversos significativos en la dosis más bajas que los estudios de las ratas.

Ademá un estudio de 75 días en ratas demostraron que el glifosato-Biocarb (una formulación de Brasil) causaron daños a las células del hígado. La industria utiliza el argumento de que las toxinas se descomponen en el hígado, o no atraviesan la barrera placentaria en las mujeres embarazadas. Por estas razones algunos científicos y políticos exigen una reforma para la evaluación de riesgos, por ejemplo establecer que si un plaguicida tiene ciertas cualidades peligrosas, automáticamente debe ser rechazado, lo que se denomina “peligro de corte”. Esto difiere del enfoque de evaluación de riesgos actual, que supone que aun cuando existe un peligro, el riesgo “puede ser manejado”.

El documento de Williams G. Kroes y Munro de 2000 es citado 32 veces por el informe del Conicet sobre el glifosato y reiterado en el informe espejo de la UNL para el fallo San Jorge y fue publicado en una revista química controversial, patrocinada por la industria. Todo esto importaría menos si Williams citara a fuentes creíbles en sus pretensiones de la seguridad reproductiva usando el glifosato. Pero cita estudios no publicados de la industria, tales como Schroeder (1981), Reyna (1990) y Tasker (1980). Es extraño que Williams no mencione los otros estudios como los de Suresh (1993), Brooker (1991), y Bhide y Patil (1989) que comprobaron que el glifosato es teratogénico y estaban en el mismo expediente. Algo que debería responder el Ministro Lino Barañao.
La legislación ambiental vigente y las decisiones basadas en la evaluación de riesgos, no han logrado proteger adecuadamente la salud humana y el medio ambiente. Creemos que hay pruebas convincentes de que los daños en los seres humanos y el medio ambiente es de tal magnitud y gravedad que es necesario aplicar el Principio de Precaución.
Las amenazas graves que pesan sobre la humanidad, incitar a los estados a obligar toda persona o entidad pública a asumir la responsabilidad de los efectos de sus actos o de sus carencias en sus actuaciones, y cuando esta responsabilidad no sea competencia de un Estado, elevarla a una jurisdicción internacional.
Son directrices expresadas en la Declaración Internacional Sobre los Peligros Sanitarios de la Contaminación Química” (Llamamiento de Paris, año 2004) y de la Declaración de Wingspread de 1998. Algo que deberían leer más seguido nuestros gobernantes, en lugar de hacer cuentas sobre la renta que les deja la soja.-

Fuente: Asociación Argentina de Periodistas Ambientales (AAPA)-Medio&medio

Publicado y enviado por ECOS DE ROMANG

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Editado por Coletivo Enconttra &